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MARCO AURELIO CADENA

Por Marco Aurelio Cadena  |  Regional Medellín


Mariposas mensajeras 

Floro, un lugareño dirigente cívico de la región, era la persona indicada para aclarar
nuestras dudas sobre las dos grandes letras que resaltan en La Piedra del Peñol,
tanto así que cuando nos vio junto a la puerta de su huerta, anticipándose nos dijo:
– ¿Uds. también vienen por lo mismo que los otros?- Nos miramos extrañados que
lo supiera, asentando con la cabeza, le dijimos que sí, queríamos saber por qué
esas letras estaban ahí. Él, dejando a un lado el machete con el que sacaba la
maleza de las hortalizas, nos invitó seguir al patio de su casa, acomodándose en
una vieja mecedora nos dijo: – resulta, antes que hicieran esas gradas que ven
ahora, no había forma de llegar arriba, hasta que un compadre mío se arriesgó a
subir, ¿Cómo? Fue introduciendo clavos de acero sobre la piedra, uniendo con lazos
entre puntas hasta llegar arriba; él fue el primero en hacerlo. Mi compadre contó
que encontró hierba y muchas flores de colores, que lo que mas le llamo la atención
fueron unas mariposas amarillas revoleteando sobre las flores, lo curioso era que
en sus alas tenían una franja azul clara refulgente, y que una de ellas se posó en
uno de sus zapatos y al mirarla con detenimiento vio claramente, en cada ala, una
palabra que decía: “GOD”, el compadre no sabía que quería decir eso, cuando bajó
buscó entre sus vecinos quien pudiera decirle el significado, pero nadie acertó.
Espero hasta el domingo, como de costumbre fue al Peñol a misa, después de la
ceremonia aprovecho para comentarle al padre Pio sobre su hazaña en la roca y
las mariposas en la cima, y quería saber que era GOD, a lo que el padre asombrado
le contestó que esa era una palabra en inglés que traducía Dios; sabía el párroco,
de historiadores de antaño, que aquellos que tenían la fortuna de encontrarse con
esas mariposas eran bienaventurados, ya que ellas eran la reencarnación de
ángeles mensajeros para darle riquezas materiales y espirituales a todos aquellos
que se toparan en la vida terrenal, pero que esa bienaventuranza se ganaría

siempre y cuando, el que haya tenido el encuentro con los mensajeros, grabara la
palabra GOD en una superficie fácil de ver desde la lejanía.
Casi sin despedirse salió de la iglesia, dispuesto a pintar la mentada palabra sobre
una de las caras de la piedra, pensando en todo menos en los bienes espirituales.
Días después, solo, como pudo empezó a subir tarros de pintura blanca y colgado
de unos lazos inicio esta dispendiosa labor.
Transcurridos 30 días tenía elaborada la letra G, con la codicia de los bienes
terrenales, empezó a pintar la O; intempestivamente sufrió de mareo cayendo al
vacío y de ahí a la eternidad; por eso la obra quedo inconclusa y hasta hoy nadie
se ha atrevido a continuar porque las mariposas amarillas desaparecieron del lugar.
Antes que pudiéramos preguntar algo, Floro remato: -Esa es la verdadera historia
que nadie ha querido contar-.

Rionegro (Antioquia), julio 2022



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